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Maternidad y salud mental: un problema social
Las madres estamos cansadas y eso merma nuestra salud mental. Es una realidad que probablemente hayas escuchado en boca de mujeres a tu alrededor, pero que también avalan los datos. La sociedad moderna no cuida a las madres y esto repercute en la salud mental de ellas y de sus criaturas, porque una sociedad que no cuida a las madres es una sociedad que no cuida a la infancia. Lejos de ser un asunto individual, se trata de un problema social.
Ansiedad y agotamiento
Según un informe reciente de la organización Make Mothers Matter (MMM) sobre el Estado de la maternidad en Europa en 2024, las madres españolas se sitúan a la cabeza de las europeas en cuanto a malestar psicológico se refiere, casi 10 puntos más que la media europea. Una mayoría declara haber sufrido ansiedad y agotamiento de manera regular y, al menos la mitad de la muestra, señala haber sufrido otros problemas psicológicos, tales como depresión posparto o síndrome de burnout parental.
Las mujeres encuestadas relatan dos fuentes principales de estrés: el entorno laboral y la corresponsabilidad de los padres. Por un lado, mientras que a las mujeres se les exige conciliar su vida profesional y personal, el mundo laboral no se adapta a las necesidades de las madres y de la infancia. Es decir, a ellas se les exige trabajar como si no criasen (y criar como si no trabajasen). Por otro lado, la amplia mayoría de mujeres que respondieron la encuesta (más del 70%) cargan con las tareas domésticas y de cuidados en solitario, incluso teniendo pareja. Este dato desolador da cuenta de la gran brecha de género en cuanto a la responsabilidad de los cuidados. Sumado a todo ello, la escasez de políticas públicas de apoyo a la maternidad y la crianza aparece como un problema fundamental: muchas señalan la corta duración de las bajas por nacimiento o la falta de apoyo una vez que los hijos están en edad escolar, donde las madres siguen siendo las principales cuidadoras.
Falta de redes de apoyo
Si la ansiedad y el agotamiento son los síntomas más visibles del problema, la falta de redes de apoyo (tanto formales como informales) es una de las raíces. La asociación Yo No Renuncio, en una encuesta realizada en 2024 en España, mostraba como “el 87% de las madres se ha sentido sola desde que es madre por no poder conciliar”. Es un dato abrumador. En el informe, apuntan a la falta de políticas de apoyo a la maternidad en el mercado laboral, a la falta de corresponsabilidad de los padres y a la necesidad de buscar apoyo más allá de la familia. Además, señalan el gran impacto que tiene el relato idealizado de lo que es la maternidad en las expectativas que tienen las mujeres antes de ser madres y como, al darse de bruces con la realidad, la sensación de frustración y soledad se dispara.
La soledad, la falta de redes de apoyo, son muchas veces el detonante de problemas de salud mental. Algo que comienza como sentirse sobrepasada, perder la paciencia o sentirse sola, va transformándose en culpa por haber gritado o vergüenza por romper el tabú de la madre perfecta. No tener espacios seguros donde compartir esta experiencia profundamente universal de las madres modernas termina por hacernos sentir aisladas, inseguras y deprimidas. Como en la foto que ilustra este artículo, las mujeres estamos criando en soledad, y eso nos enferma.
Hiperexigencia
Por si lo anterior fuera poco, al contexto de precarización de la vida en el que vivimos y criamos, hay que sumarle la increíble exigencia que pesa sobre las madres. Esa exigencia que, de manera sutil e indirecta, a través de mandatos sociales y de referentes idealizados de la maternidad, se va convirtiendo en una autoexigencia dañina y opresora. Lo señala Diana Oliver en su libro “Maternidades precarias” de una manera magnifica y precisa: la crianza se ha profesionalizado, de modo que se espera de las madres profesionales perfectas en “el arte de criar niños felices”. Mientras que de los hombres solo se espera que estén presentes, si es que lo están, para ellas el listón está mucho más alto. Esta losa de hacerlo todo bien y de no dañar bajo ningún supuesto el bienestar psicológico de las criaturas da lugar a muchísimo miedo a cometer errores y a grandes dosis de culpa y vergüenza cuando, irremediablemente, se cometen.
¿Qué podemos hacer?
En lo que coinciden los estudios anteriormente señalados es en la necesidad de promover cambios sociales que protejan a las madres y que pongan en valor el trabajo de cuidado que realizan. Algunas medidas que se podrían tomar en este ámbito son, por ejemplo, ampliar las bajas por maternidad, desvincular este permiso de la situación laboral de la madre y el padre o reducir la jornada laboral (manteniendo el sueldo) para facilitar la conciliación. Igualmente, conviene pensar otras medidas que abarquen más allá de la primera infancia, ya que pasado ese primer período siguen siendo las madres quienes cargan con las principales tareas de cuidado en una etapa en la que las medidas de apoyo a la crianza se reducen.
Fuera el ámbito de las políticas públicas, los estudios ponen el foco en un aspecto: involucrar a la comunidad en el cuidado de la infancia. Dejar de exigir a las familias la responsabilidad individual de la crianza de los hijos y comprender que el cuidado de la infancia es una responsabilidad de toda la sociedad. Lo dice un proverbio africano popularizado en los últimos años: “para cuidar a un bebé hace falta una tribu”, y eso mismo se preguntaba Carolina del Olmo en su libro hace ya más de 10 años. La autora planteaba hace más de una década que la mayoría de los problemas que enfrentan madres y padres en la crianza se derivan de “una sociedad cuyas exigencias son radicalmente incompatibles con las necesidades de los bebés y de quienes cuidan de ellos”.
La maternidad se sufre más cuando se sufre en soledad, sin amigas, familiares, vecinas o redes de apoyo. Cambiar eso es una tarea que compete a toda la sociedad. Desde una mirada feminista, la comprensión del malestar de las madres -donde se repiten constantemente experiencias de soledad, agotamiento, ansiedad o depresión- implica mirar las circunstancias en las que las madres crían, y apostar por crear entornos en los que puedan compartir sus experiencias, sentirse acompañadas y comprendidas y tener tiempo y espacio para criar de la mejor manera que puedan dentro de sus deseos.
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Bibliografía
¿Dónde está mi tribu?, Carolina del Olmo, 2012.
Maternidades precarias, Diana Oliver, Arpa Editores, 2022.
Informe sobre el estado de la maternidad en Europa, Make Mother Matter, 2024.
Informe Estudio Sin Madres no hay Futuro, Yo no Renuncio, 2024.
